“Cierra el Oak Room del Hotel Algonquin. El Oak Room era una pequeña sala, con forma de vagón elegante y aterciopelado, dentro del célebre hotel que albergó a todos los grandes cronistas de principios del siglo XX de Nueva York. El Oak Room era un restaurante con actuaciones. Allí fueron descubiertos grandes cantantes. De Harry Conick Junior a esa Maude Mauggart que tanto me gusta. Con su cierre se pierde toda una época. Es como si a esta ciudad le arrancaran un trocito de su historia. Incluso de la mía, de la nuestra, porque allí nos refugiábamos Antonio y yo desde hace muchos años cuando queríamos celebrar algo íntimo. La última vez, el año pasado. Qué pena”

“Cierra el Oak Room del Hotel Algonquin. El Oak Room era una pequeña sala, con forma de vagón elegante y aterciopelado, dentro del célebre hotel que albergó a todos los grandes cronistas de principios del siglo XX de Nueva York. El Oak Room era un restaurante con actuaciones. Allí fueron descubiertos grandes cantantes. De Harry Conick Junior a esa Maude Mauggart que tanto me gusta. Con su cierre se pierde toda una época. Es como si a esta ciudad le arrancaran un trocito de su historia. Incluso de la mía, de la nuestra, porque allí nos refugiábamos Antonio y yo desde hace muchos años cuando queríamos celebrar algo íntimo. La última vez, el año pasado. Qué pena”

Desde el año de la Gran Depresión lleva Eisenbergs’, el templo del sándwich alimentando a trabajadores de la zona, porqué Eisenberg’s se nutre, fundamentalmente de ejecutivos que no tienen más de media hora para tomarse un respiro. Podríamos pasar al comedor tan viejo como el año que se fundó el local, pero yo prefiero la barra. La barra del Eisenberg’s es histórica, debería declararse patrimonio de la ciudad, o de la humanidad: una barra larguísima con una línea de taburetes forrados en cuero. Dice usted que lo típico?, Sí, lo típico, en otros bares, es un pastiche del pasado.

Desde el año de la Gran Depresión lleva Eisenbergs’, el templo del sándwich alimentando a trabajadores de la zona, porqué Eisenberg’s se nutre, fundamentalmente de ejecutivos que no tienen más de media hora para tomarse un respiro. Podríamos pasar al comedor tan viejo como el año que se fundó el local, pero yo prefiero la barra. La barra del Eisenberg’s es histórica, debería declararse patrimonio de la ciudad, o de la humanidad: una barra larguísima con una línea de taburetes forrados en cuero. Dice usted que lo típico?, Sí, lo típico, en otros bares, es un pastiche del pasado.

“En Nueva York. Lorenzo, nuestro hombre de ciencia en NYU y boticario personal de esta servidora, Antonio y yo. Tras la cámara, Xavi de Sudanell o Chavo de Washington Heights (dado el carácter latino del barrio). Ahora estamos sonrientes y algo achispados pero la cena fue en todo momento un poco payasesca. Y me temo que la payasa involuntaria fui yo. Les invité a una pasta y se me perdió la bolsa de la pasta: en la cocina. Sé que resulta difícil de creer pero se perdió y tuve que sustuirla por unos macarrones de segunda categoría. Se reían tanto de mi desconcierto que les hubiera arreado con la cuchara de madera. Qué tonto te puedes llegar a sentir cuando se ríen abiertamente de ti. Y, para colmo, Antonio dijo que vio un ratón. Y luego dijo que no, porque temía que yo me fuera a dormir al portal. Y los otros dos encantados. A ver… Lorenzo trabaja con roedores y Xavi, que es más de campo que las amapolas, los mata a pisotones”.

“En Nueva York. Lorenzo, nuestro hombre de ciencia en NYU y boticario personal de esta servidora, Antonio y yo. Tras la cámara, Xavi de Sudanell o Chavo de Washington Heights (dado el carácter latino del barrio). Ahora estamos sonrientes y algo achispados pero la cena fue en todo momento un poco payasesca. Y me temo que la payasa involuntaria fui yo. Les invité a una pasta y se me perdió la bolsa de la pasta: en la cocina. Sé que resulta difícil de creer pero se perdió y tuve que sustuirla por unos macarrones de segunda categoría. Se reían tanto de mi desconcierto que les hubiera arreado con la cuchara de madera. Qué tonto te puedes llegar a sentir cuando se ríen abiertamente de ti. Y, para colmo, Antonio dijo que vio un ratón. Y luego dijo que no, porque temía que yo me fuera a dormir al portal. Y los otros dos encantados. A ver… Lorenzo trabaja con roedores y Xavi, que es más de campo que las amapolas, los mata a pisotones”.

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ONDA CERO: “Vivir un trauma como el 11-S hizo que le tomáramos más cariño a Nueva York”

Esta pareja de escritores nos presentan los libros que acaban de publicar. “Nada del otro mundo”, un recopilatorio de cuentos por parte de Muñoz Molina y “Lugares que no quiero compartir con nadie”, una crónica de Elvira Lindo sobre su estancia en Nueva York. Además nos hablan sobre sus experiencias, su producción literaria y algunos aspectos de su vida en común

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El Live Bait es un restaurante en Madison Square, mirando al Empire State que rinde homenaje al estilo sureño. Es un pastiche decorativo, sí, pero bien conseguido y que muestra el ingenio de los decoradores americanos para recrear ambientes. Hay azules, vedes marítimos, hay peces enormes de chapa y madera colgados por las paredes, tan habituales en la artesanía popular americana.

El Live Bait es un restaurante en Madison Square, mirando al Empire State que rinde homenaje al estilo sureño. Es un pastiche decorativo, sí, pero bien conseguido y que muestra el ingenio de los decoradores americanos para recrear ambientes. Hay azules, vedes marítimos, hay peces enormes de chapa y madera colgados por las paredes, tan habituales en la artesanía popular americana.

Me gusta zascandilear, entrar en las tiendas de anticuarios, bajar al sótano húmedo que suelen tener y perderme entre mesas y aparadores viejos. Imaginar cómo era lo material hace un siglo o hace dos; cómo era la vida entre estos muebles de madera oscura, ligeramente ondulada y sólida, de carácter bostoniano, de elegancia sobria. Sólo lo material nos induce al pasado de una forma física.

Me gusta zascandilear, entrar en las tiendas de anticuarios, bajar al sótano húmedo que suelen tener y perderme entre mesas y aparadores viejos. Imaginar cómo era lo material hace un siglo o hace dos; cómo era la vida entre estos muebles de madera oscura, ligeramente ondulada y sólida, de carácter bostoniano, de elegancia sobria. Sólo lo material nos induce al pasado de una forma física.

“En el metro. De Queens a Manhattan. A las tantas. Tras comernos un pollo al curry cocinado por mi amigo Jeffrey, abogado, poeta y, lo más extraordinario para mí: !bisnieto del inventor del Monopoly! Nunca creí que podía llegar tan alto en mis relaciones”.

“En el metro. De Queens a Manhattan. A las tantas. Tras comernos un pollo al curry cocinado por mi amigo Jeffrey, abogado, poeta y, lo más extraordinario para mí: !bisnieto del inventor del Monopoly! Nunca creí que podía llegar tan alto en mis relaciones”.