Marina Martínez
Acabo de llegar hace menos de una semana de Nueva York. Simples vacaciones. Sin embargo he tenido la suerte de compartir mi tiempo allí con los habitantes de sus calles, bares y rincones. Es lo que siempre busco en una ciudad que quiero conocer, su rutina, su gente… Empecé a leer tu libro como preparatorio mental de mi viaje. Mi madre me lo regaló, ella es muy de hacer esas cosas. Sin embargo, lo estoy terminando ahora y es todavía mejor. A mi también me encanta escribir, sobre todo sobre sitios especiales y, como Nueva York me parece un sitio increíble, ahora estoy escribiendo sobre ello. Escribo desde niña, me lo inculcaron mucho en el colegio con sus concursos literarios, y ahora simplemente son pequeñas literaturas que guardo para mi. Leyendo tu libro comparto muchas emociones, sentimientos o, quizás, percepciones de lo que Nueva York transmite cuando llegas desde tan lejos. Esa extraña calidez de la gente (y digo extraña porque realmente de la misma forma que cada cual, solitario, ajeno a los demás, camina solo por las avenidas de Manhattan, también se aventuran a dedicarte unas palabras en cuanto cruzas más de dos miradas con ellos) Es algo que me encanta. Yo crecí con Manolito y, ahora, vuelves a compartir conmigo experiencias tales como una vida en Nueva York, una ciudad que siempre admiraré. Gracias Elvira.

Marina Martínez

Acabo de llegar hace menos de una semana de Nueva York. Simples vacaciones. Sin embargo he tenido la suerte de compartir mi tiempo allí con los habitantes de sus calles, bares y rincones. Es lo que siempre busco en una ciudad que quiero conocer, su rutina, su gente… Empecé a leer tu libro como preparatorio mental de mi viaje. Mi madre me lo regaló, ella es muy de hacer esas cosas. Sin embargo, lo estoy terminando ahora y es todavía mejor. A mi también me encanta escribir, sobre todo sobre sitios especiales y, como Nueva York me parece un sitio increíble, ahora estoy escribiendo sobre ello. Escribo desde niña, me lo inculcaron mucho en el colegio con sus concursos literarios, y ahora simplemente son pequeñas literaturas que guardo para mi. Leyendo tu libro comparto muchas emociones, sentimientos o, quizás, percepciones de lo que Nueva York transmite cuando llegas desde tan lejos. Esa extraña calidez de la gente (y digo extraña porque realmente de la misma forma que cada cual, solitario, ajeno a los demás, camina solo por las avenidas de Manhattan, también se aventuran a dedicarte unas palabras en cuanto cruzas más de dos miradas con ellos) Es algo que me encanta. Yo crecí con Manolito y, ahora, vuelves a compartir conmigo experiencias tales como una vida en Nueva York, una ciudad que siempre admiraré. Gracias Elvira.